«El acontecimiento no es lo que sucede (accidente); está en lo que sucede, el puro expresado que nos hace señas y nos espera».
-Lógica del sentido
Gilles Deleuze

 

El accidente es omnipresente, el mundo que conocemos está conformado por relaciones tan caóticas en todos sus aspectos que solo lo accidental y lo azaroso pueden ser considerados como factores constantes en la configuración de dicho mundo. El impulso de «lo voluntario» busca ser un principio de orden para afrontar dicho mundo, pero siempre obedece a una razón o función concreta. El objeto o situación producido por dicha razón/función, es decir, por lo voluntario, siempre se sitúa en el mundo y por lo tanto colinda con un innumerable conjunto de accidentes.

Es precisamente en esta frontera, en la correlación de lo voluntario y lo accidental, donde acontecen imágenes que podrían parecer poéticas. Por sí mismas, las imágenes no poseen un sentido propio ya que su naturaleza es involuntaria y por lo tanto no se puede hablar de una poética estricta. Sin embargo, los elementos que la conforman son susceptibles de ser interpretados como tal por el espectador, que las convertirá en una experiencia estética subjetiva.

Es cierto que en el simple hecho de la fotografía y el encuadre existe ya una aproximación voluntaria a los elementos. Pero ésta aproximación, si bien ofrece un encuadre selectivo que hace patente el accidente y dista de ser neutral, no influye en la configuración de los elementos que son sujeto de la fotografía e intenta no ser participante activo de la escena: se limita a retratar el elemento particular y su relación con el mundo más allá de su razón de ser específica, dejando que el ejercicio hermenéutico del espectador le conduzca a la obtención de un «aforismo vital», otorgando así sentido a la obra.